Los nuevos misioneros

VALENCIA. Juan tiene nueve años, Jorge cinco, Victor dos y Francisco de Asís tan solo 9 meses. Posiblemente se encuentren entre los misioneros más jóvenes de la Iglesia.Fonte: ( revista ecclesia )

El próximo jueves parten junto con sus padres, Javier y María José, hacia tierras desconocidas. Su destino será la ciudad de Kurume, en Japón, donde vivirán dando ejemplo de que «se puede ser feliz siendo una familia cristiana».

Hace dos años que esta familia valenciana se ofreció para ejercer como misionera. Conocen su destino en el país nipón desde hace un año y medio. Ha sido un tiempo necesario para madurar su decisión, tramitar los visados y deshacerse de sus pertenencias. «Hemos vendido la casa, los coches y los muebles y regalado el resto de cosas», según explica Javier, quien añade que llegan con un visado de misionero pero esperan, una vez instalados, encontrar trabajo. Se van sin fecha de vuelta, sin más planes que los de «dar testimonio de que Dios existe». Algo para lo que, aseguran, no se necesitan grandes instrumentos. «Igual que el fuego quema sin pretenderlo, porque está en su esencia, lo mismo es el ejemplo de vida cristiana».

Por eso no les preocupa no conocer el idioma, no tener todavía un trabajo, ni siquiera ir con niños pequeños. De momento sólo saben que tienen una casa, que les han buscado una familia española que vive en otra región de Japón. No se muestran preocupados, sino confiados, decididos y sorprendentemente felices y seguros del paso que van a dar.

 

«Tenemos el mejor jefe»

 

Reconocen que mucha gente piensa que son unos locos o unos inconscientes por ir a un país tan lejano con los niños, «pero no pensarían lo mismo si nos fuéramos porque me hubiera contratado una multinacional japonesa. La gente estaría encantada», explica Javier, quien añade que «en realidad es lo mismo, sólo que estoy en un trabajo que tiene el mejor jefe del mundo y que se llama Jesucristo». En cuanto a cómo afrontan esta aventura, estos misioneros valencianos aseguran estar tranquilos. «Es como los niños, que no se preocupan porque saben que su padres se ocuparán de todo. Nosotros confiamos en Dios, cuando te pones en sus manos todo es más fácil». María José confirma lo que explica su marido y subraya que «Él va allanando caminos, en estos meses poco a poco todos los problemas que se nos planteaban se han ido solucionando». Ya en el plano terrenal, afirman que tienen la experiencia de otras familias que les han precedido en misiones similares en todos los rincones del mundo.

 

Respecto a cómo llevan sus hijos el dejar Valencia, los dos constatan que están muy contentos. «Los niños sólo tienen dudas o están inquietos si ven que sus padres titubean o que discuten, pero no es nuestro caso. Notan que estamos contentos y ellos también lo están. En cuanto a la adaptación otras familias que están en diferentes ciudades, dicen que en un año ya estarán hablando japonés».

 

Javier explica que ser cristiano no es ir a Misa o creer en lo que dice el Credo. «Todo esto es importante, pero realmente ser cristiano es encontrarse con Jesucristo, que es quien nos da capacidad de amar, de perdonar y de vivir felices». Y justamente esto es lo que explica qué harán en un país donde viven 127 millones de personas, de las que sólo un millón son cristianos, la mayoría extranjeros, y que tiene un alto índice de suicidios.

 

«No se trata de dar catequesis, ni de ir pregonando el Evangelio por la calle, simplemente vivir sin pretensiones, como una familia cristiana». Esta es la forma en la que el movimiento Camino Neocatecumenal promueve la «Iglesia Implantatio». A partir de una familia se forma una comunidad católica.Paradójicamente María José reconoce que nunca había pensado irse como misionera. «Ni me lo planteaba», explica, aunque finalmente fue de ella de quien partió la idea.

 

«No éramos felices»

 

Javier recuerda cómo llegaron al momento en el que ahora se encuentran. «Yo tenía todo lo que en la sociedad actual se puede considerar como un éxito. Era joven, con una mujer guapa, unos hijos, un trabajo en el que ganaba mucho dinero, una casa, un chalet y dos coches, pero fue precisamente lo que me separó de mi familia, ya que ellos no querían todo eso, sino sólo que pasara más tiempo con ellos». Pero tiempo es lo único que no tenía. En esa época trabajaba en una empresa de repuestos de aviación, algo que le obligaba a viajar constantemente. «Cuando llegaba a casa estaba cansado sin ganas de jugar con los niños, que no podían hacer ruido porque yo tenía que dormir para madrugar al día siguiente».

 

Esta situación provocó una crisis familiar importante que estuvo a punto de acabar con su matrimonio. Fue entonces cuando decidieron cambiar de vida. Entre los dos fundaron una empresa familiar, aunque de nuevo y sin proponérselo se vieron envueltos en una espiral de trabajo. «Empezamos con pequeñas inversiones y sin darnos cuenta estábamos llevando una gran promoción de viviendas, dejando a los niños en el comedor y sin tiempo para nosotros». De nuevo se vieron obligados a cortar por lo sano. Fue entonces cuando María José le propuso marchar como familia misionera. «Sentía que nuestra vida no tenía sentido, que no éramos felices».

 

A pesar de todo, no fue una decisión sencilla, aunque finalmente se les reveló de una forma clara, ante lo cual «dejas de dudar».

 

«El hombre vive pera ser feliz, pero vivimos esclavos buscando la felicidad y lo hacemos de una forma egoísta, no queremos sufrir y rechazamos todo lo que no nos hace felices. Eso es lo que me ocurría a mí», explica Javier, quien destaca que finalmente comprendió que «se puede vivir por los demás, incluso renunciando a lo que quieres o te apetece; fue entonces cuando nuestra vida cambió». Al principio no fue fácil. «Tienes dudas y luchas, lo vas viendo poco a poco, hasta que de pronto dices que sí» pero, añade: «no es un salto al vacío. Mucha gente piensa que nos vamos a estrellar, pero no saben que jugamos con ventaja».

 

Preguntas en el aire

 

Ahora sólo aspiran a «vivir con Jesucristo delante de la gente que no le conoce, ser luz para personas cuya vida no tiene sentido». Asimismo, matiza que «quizá nuestra marcha deja una pregunta en el aire. Mucha gente ve que dejamos todas las comodidades, una vida que se considera de éxito y que a pesar de todo estamos felices, más que otra gente, y se pregunta ¿Dios existe o no ?». ABC

Acerca de immigratoamico

Siamo un gruppo di volontari dell'Associazione Nazionale dei Papaboys, i giovani del Papa che hanno attivato questo progetto per gli amici immigrati che hanno bisogno di aiuto o di un consiglio!
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