El sector de la educación pide una ley que dote de autoridad al profesorado

«No queremos que el profesor sea el sargento de hierro, pero tampoco Mary Poppins». Juan María del Pino, de la Confederación Católica de Federaciones de Padres de Alumnos, sintetiza el deseo de los propios docentes andaluces, maniatados por un sistema educativo que les otorga el papel secundario de colegas del alumno. Como quiera que la falsa democratización de las aulas ha derivado en anarquía lectiva, el sector pide a la Junta que siga el camino trazado en Madrid por Esperanza Aguirre para dotar por ley de autoridad a los maestros. En las aulas andaluzas las agresiones al profesorado son frecuentes y la falta de respeto es constante. Ningun maestro añora la época en la que letra entraba con sangre, pero la mayoría tiene claro que sin disciplina su oficio no tiene futuro. De ahí que hayan acogido con cauteloso entusiasmo la propuesta de la presidenta de la comunidad madrileña. La medida, en opinión del sector, tiene que aplicarse también en Andalucía, donde ahora perciben cambios positivos de la administración, que empiezan por un giro del discurso oficial. «Griñán habló hace poco de primar el esfuerzo, el mérito y la capacidad en la escuela», dice Joaquín Arauz, del sindicato USO, quien tras la intervención del presidente andaluz se acercó a él para felicitarle por la rectificación del Gobierno. «Le dije que era lo que muchos esperábamos escuchar. También le dije que era lo que nosotros decimos desde hace años y por eso nos llaman carcas», ironiza. «Esta situación la han originado los desertores de la tiza, los que han elaborado la LOGSE, los progres de salón, cuya visión buenista no se corresponde con la realidad», denuncia Juan María del Pino, para situar a los presuntos responsables de la situación ante el espejo. «Los sindicatos que no son de izquierdas exigen hace años que se dote de autoridad al profesor», apuntilla, al tiempo que pide un blindaje de la figura del maestro para que retome el prestigio social perdido. La instauración del buen rollo constituye para Del Pino uno de los factores que explican la crisis educativa. «Hay que acabar con el tuteo y el colegueo», dice. Comparte este criterio, Francisco Padilla, de ANPE, que resalta la necesidad de marcar distancias: «El profesor no puede ser amigo. Está por encima. Ese es su rol». «Queremos autoridad, no autoritarismo». Silvio Miguel Bueno, director pedagógico del Colegio San José, de Sevilla, señala que si el sistema impide que el alumno perciba al maestro como autoridad, el que se perjudica es el estudiante. «Los escolares agradecen que un adulto les muestre el camino». El problema, añade, es que los valores se han perdido no sólo en la escuela, sino también en la familia, en la sociedad, lo que dificulta que cristalicen en las aulas. El docente del colegio San José aboga por un rearme en lo social y un pacto educativo. Para el segundo no ve con malos ojos la propuesta de Aguirre: «No sé si será lo más efectivo, pero algo así necesita Andalucía. Es una buena idea». No se trata, añade, de cercenar la libertad del alumno, sino de que el profesor tenga un papel relevante. Arauz lo suscribe, toda vez que en su opinión la autoridad del profesor ha desaparecido. Por ello aplaude el proyecto madrileño y pide su implantación en Andalucía. «No se pueden consentir en la escuela acciones que fuera de ella son constitutivas de delito, como las agresiones. Hacen faltan cambios legislativos para que cualquier agresión a un profesor sea delito». De forma parecida piensa Del Pino: «El que agrede a un profesor tiene que acabar ante un juez, como le sucede al que pega a un enfermero o a un médico». Todo por el bien del alumno. «Si el profesor no tiene autoridad suficiente, falla en su misión. No enseña», dice Silvio Miguel Bueno, en tanto que Arauz apostilla que los alumnos de clase baja son los más perjudicados: «Para los niños con menos recursos es básico que el profesor retome la autoridad. La escuela es su única oportunidad para progresar, así que se le presta un mal servicio si en vez de un espacio para el aprendizaje es un lugar donde se les permite todo. Si la escuela les sirve sólo de entretenimiento el esfuerzo solidario de la sociedad se desaprovecha». Arauz lamenta que durante años la exigencia de disciplina en las aulas se percibiera como trasnochado. Para el dirigente sindical es preciso recuperar la cultura del esfuerzo. Y la de la comprensión hacia la labor docente, según ANPE, que exige que las decisiones de los profesores no puedan ser cuestionadas desde fuera. Otorgar autoridad al maestro y desactivar la crítica serviría para apaciguar unas aulas en pie de guerra. «Los profesores estamos preparados para resolver conflictos; sólo salen a la luz algunos graves, pero la realidad es más dura», señala Padilla.

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