El “pulmón” y la esperanza de África – Editorial de ECCLESIA

La Iglesia católica en África está en Sínodo. Y con ella ha de ser toda la Iglesia la que también se ponga en camino y en actitud sinodal. No podemos ni debemos malacostumbrarnos ni desaprovechar la gracia que siempre conlleva un Sínodo Y aunque–equivocadamente- nos parezcan lejanos sus contenidos y expectativas, mal haríamos si no nos desentendiésemos de él o lo consideramos un acontecimiento menor. Y ello tanto por razones de obvia eclesialidad y catolicidad como razones prácticas y estadísticas. Los católicos en África constituyen el 17% de la población del continente, el mismo porcentaje que de católicos que hay en todo el mundo. Pero hay más: al ritmo del crecimiento actual de la población católica en África, en veinticinco años habrá superado a la población católica de Europa, que, con su invierno demográfico y su galopante secularización, ofrece ya registros negativos y desalentadores en su crecimiento. Quizás por todo ello y desde el conocimiento de causa que le permiten tanto sus encuentros constantes con obispos africanos como su visita apostólica de marzo pasado a Camerún y a Angola, Benedicto XVI ha vuelto a señalar a África como el nuevo continente de la esperanza. Una esperanza, sí, en medio de numerosos, apremiantes, graves y lacerantes desafíos, pero una esperanza, al final y al cabo, cierta y fundamentada. África –señaló el  Papa en la misa de apertura del Sínodo- representa “un  crisis profunda, para la humanidad, que sufre una profunda crisis de fe y de esperanza”. Pero es un pulmón que puede enfermar porque “dos peligrosas patologías lo están infectando: por un lado, la enfermedad más difundida en el mundo occidental, es decir, el materialismo práctico, combinado con el pensamiento relativista y nihilista”. “Un segundo virus que podría golpear a África es el fundamentalismo religioso, mezclado con intereses políticos y económicos. Grupos de distintas creencias religiosas se están difundiendo en el continente africano; lo hacen en nombre de Dios, pero siguiendo una lógica opuesta a la divina, es decir, enseñando y practicando no el amor y el respeto por la libertad, sino intolerancia y violencia”. Junto a ello África necesita de reconciliación, de justicia y de paz –tema del Sínodo-, necesita de verdadera solidaridad y no eslóganes políticamente correctos. Necesita erradicar la pobreza tan extrema con la que malviven millones de sus habitantes. Necesita  formación constante e integral. Necesita dejar de ser expoliada, tanto en sus recursos naturales como en su identidad y libertad. Necesita de políticos honestos y de verdadera implicación y colaboración internacional. Necesita, sí, oportunidades. Y una de estas oportunidades le llega ahora a través del Sínodo. ¿Podremos permanecer lejanos e indiferentes como si no fuera con nosotros? Sería insolidario y hasta suicida porque África está llamada a y a la aportar a la humanidad Iglesia un torrente de esperanza.

Acerca de immigratoamico

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