DOMUND 2009: Una misionera recuerda la entrega de la Iglesia a los enfermos de Sida en África

Obras Misionales Pontificias en España presentó ayer, martes 13 de octubre, en su sede de Madrid, la Jornada Mundial de la Propagación de la Fe, DOMUND, que con el lema: “La Palabra, luz para los pueblos”, se celebrará el próximo domingo 18 de octubre. Monseñor Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona-Tudela y Director Nacional de las OMP, y don Anastasio Gil, Subdirector Nacional de las OMP y director del secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones, estuvieron acompañados por los misioneros Amparo Cuesta, de las Misioneras de Nuestra Señora de África, y Mariano Merchán Serrano, sacerdote de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano-Americana (OCSHA), que ofrecieron el testimonio de su larga experiencia misionera en África y Misioneras de Nuestra Señora de África respectivamente. Amparo Cuesta explicó su experiencia de 30 años en Malawi, un país donde la gente es “tremendamente hospitalaria” a pesar de ser uno de los más pobres del mundo. Como enfermera, esta misionera ha vivido de cerca la realidad del Sida en África, concretamente en Malawi, donde un millón de los 11 millones de habitantes del país está contagiado y con el virus y hay más de 600.000 enfermos. “La Iglesia siempre ha atendido a toda clase de gente, sin ninguna distinción”, afirma la religiosa, y subraya que gracias al trabajo de la Iglesia organizando en cada parroquia grupos de voluntarios se ha podido atender a muchos enfermos que se autoexcluían de cualquier tratamiento al no acercarse a los centros de salud. En concreto, la Diócesis de Lilongwe ha contado con más de 600 voluntarios para su Programa de Sida. Asimismo, la misionera destacó la colaboración que las Hermanas Blancas están realizando en orden a la implantación de la Iglesia en África, con la fundación de 22 congregaciones formadas por religiosas africanas, siguiendo de este modo las indicaciones de los obispos para fomentar las vocaciones nativas. Por otra parte, respecto al último año que Amparo Cuesta ha pasado como misionera en Argelia, afirma que allí el “testimonio de Cristo se da de otra manera”; en un país de 35 millones de musulmanes y apenas unos mil cristianos, las únicas herramientas son los “lazos de la amistad y el diálogo interreligioso”. Por su parte, el trabajo misionero que el padre Merchán ha realizado en Ecuador los últimos 36 años, tanto en el campo como en la ciudad, se ha basado en tres ejes fundamentales: “la escuela, el centro de salud y la capilla”, que responden según el misionero, a las necesidades prioritarias de la población. 6 centros de salud, 800 viviendas o 21 capillas sólo en la zona rural son sólo algunos números que dan prueba de la entrega incansable de este misionero, a pesar de los numerosos achaques de salud y de haber pasado por el quirófano en cinco ocasiones. El trabajo de este misionero ha logrado mejorar la vida de muchas poblaciones, hasta el punto de que la región de la Península de Santa Elena es una de las que menos emigrantes ha generado. Como recuerda el misionero, “el problema fundamental de Ecuador” es la falta de trabajo”, por eso, cuando esta fuente para el sostenimiento de la familia está garantizada, la gente no emigra.

“Neno la MunguDOMUND, mwanga kwa Mataifa”: lema del DOMUND en swahili

OMPRESS-SALAMANCA (14-10-09) Con motivo de la celebración, el próximo domingo día 18 de octubre, de la Jornada Mundial de las Misiones, la hermana Amalia García Mendoza, Misionera de Nuestra Señora de África (hermanas blancas) nos hace llegar su testimonio. Lleva 40 años en la República Democrática del Congo, donde se habla swahili. Un problema de salud la trajo a Málaga hace poco más de un año. Ahora se encarga de la animación misionera en la diócesis y trabaja en proyectos de acogida a inmigrantes y de desarrollo de Cáritas. El lema de la campaña para este año es “La Palabra, luz para los pueblos”, y nos recuerda el valor de los misioneros como ministros de la Palabra que ilumina a todos los pueblos. Sin la Palabra, el misionero pierde su razón de ser. “Las palabras me faltan para decir todo lo que he recibido de este pueblo noble, cariñoso y acogedor. Nunca me sentí extranjera en el Congo”, asegura Amalia García cuando se le pregunta por su experiencia en este país africano.

– El lema del DOMUND este año es “la Palabra, luz para los pueblos”, ¿cómo ha llevado usted la Palabra de Dios a la misión?

– He tenido la suerte de trabajar en contacto directo con el pueblo: cursos de religión en colegios e institutos, formación de catequistas, cursos de Biblia, catequesis de adultos, preparación para recibir los sacramentos, etc. Estoy convencida de que el mensaje que queremos transmitir pasa por la acogida de la persona, el cariño y acercamiento a ella. Los problemas pueden ser inmensos, pero cuando la persona se siente amada y valorada, la mitad de sus problemas desaparecen. En el mundo hay mil millones de personas que pasan hambre. El continente africano se desangra porque los países ricos y las grandes potencias prefieren el oro, los diamantes, el coltán (necesario para fabricar móviles y ordenadores) y otras riquezas al valor de las vidas humanas. La lucha por la dignidad de la persona hecha a imagen de Dios tiene que encarnarse en los que anunciamos la Palabra.

– ¿Cómo se usa la Palabra de Dios en la misión donde has vivido, qué manejo tienen de la Palabra?

– El Congo es cinco veces España en extensión, con una población de 60 millones de habitantes repartidos en cinco grupos principales y más de 400 tribus. Cada tribu tiene su lengua. La Biblia está traducida a todas las lenguas del Congo, sobre todo, a las principales: kiswahili, lingala, kikongo y kiluba. En el Congo hay una Iglesia muy viva. Las comunidades cristianas están en continuo contacto con la Palabra de Dios. Se insiste en que haya una Biblia en cada familia, y muchos cristianos la leen cada día. Es más, es el primer libro al que acuden. Las celebraciones eucarísticas son muy solemnes y festivas. Una curiosidad, las misas dominicales duran más de tres horas y nadie se cansa o mira el reloj, ¿por qué será?. Amalia García es natural de un pequeño pueblo de Granada. Entró en las Misioneras de África (hermanas blancas) porque “desde muy pequeña quería ser misionera y compartir la alegría que me daba Jesús con los que aún no le conocen”. Hace 40 años que se marchó al Congo, un país en el que, cuando llegaron las hermanas blancas, todavía existían los esclavos. Una de las primeras misiones de estas religiosas fue la lucha por la liberación de dichas personas. Por cierto, se las conoce como hermanas blancas porque de ese color era el traje típico de Argelia, país donde el congregación internacionalfundó este instituto religioso en 1869. Esta congregación internacional está presente en 28 países de cuatro continentes, y trabaja en 15 países africanos y uno de América, México.

“La ayuda que les prestemos es para muchos el único medio de sobrevivir”, afirma el Cardenal de Madrid

OMPRESS-MADRID (14-10-09) Mons. Rouco Varela, cardenal-arzobispo de Madrid, en su carta para la jornada del Domund 2009, recuerda el compromiso misionero de todos los fieles y lo necesario que es para los misioneros el apoyo de la oración y del sacrificio de los cristianos.[…]. La Iglesia del siglo XXI siente la urgencia de la caridad de Cristo por llegar al corazón de todos, especialmente de los más pobres, de los que más sufren, de los más abandonados: “Hoy se ha de afrontar con valentía -nos decía Juan Pablo II en la Carta apostólica ‘Novo millennio ineunte’- una situación que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza. Hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés” (n. 40). Y era sin duda este ardor lo que nos movía a los obispos españoles a proclamar, en la Instrucción pastoral “Actualidad de la misión ad gentes en España”, de la Asamblea Plenaria de noviembre del año pasado, que “la misión universal sigue en sus inicios. Descubrir esa realidad con gozo es la invitación que dirigimos a todos, desde una concepción auténtica e integral de la evangelización, como nos viene recordando el Magisterio ordinario de la Iglesia” (n. 11).[…] El DOMUND, que celebra todos los años la Iglesia universal, es una expresión bien concreta de esta conciencia evangelizadora que todos, desde el hasta el último de los bautizados, tenemos por ser cristianos. El tercer domingo del mes de octubre, la Iglesia recuerda nuestro compromiso misionero, que no puede reducirse, ciertamente, a la aportación económica, tan necesaria, sin duda. Este compromiso exige oración, mucha oración y muchos sacrificios por las misiones y por los misioneros. Necesitan, más aún que la ayuda económica, ¡con lo importante que es!, el apoyo de la oración y del sacrificio de los cristianos. De ahí el convencimiento de que los religiosos y religiosas de vida contemplativa de nuestra diócesis son los primeros misioneros con los que contamos, como bien lo muestra la santa Patrona de las Misiones, Santa Teresa del Niño Jesús, con quien se inicia este mes misionero de octubre. Y el compromiso misionero tiene también la exigencia de promover la vocación misionera, en las familias, en las parroquias, en los colegios, en los movimientos y asociaciones apostólicas. A pesar de los muchos sacerdotes, religiosos y seglares que la archidiócesis de Madrid ha enviado como misioneros por los cuatro puntos cardinales, sigue siendo muy necesario que los jóvenes se pregunten con seriedad su posible vocación misionera. En la citada Instrucción pastoral, los obispos españoles señalamos que “las vocaciones misioneras han sido muy abundantes en España, y aún podemos agradecer a Dios el envío ininterrumpido de misioneros. (…) No obstante, existe una gran preocupación por el descenso de personas enviadas a la misión. Este hecho ha de interrogarnos sobre las causas que pudieran estar en el origen de este desequilibrio entre el crecimiento de la solicitud solidaria con los más desfavorecidos y el descenso en la respuesta generosa a la llamada de Dios a la misión ‘ad vitam’” (n. 48). Está claro que urge “reavivar el impulso de los orígenes”, dejarnos todos “impregnar por el ardor de la predicación apostólica”. Y el compromiso, por supuesto, es también económico. Nuestra aportación ayudará a que los proyectos misioneros de la Iglesia universal puedan realizarse. La misión va unida, en muchas ocasiones, a la pobreza de los pueblos a los que se va a evangelizar. La ayuda que les prestemos es para muchos el único medio de sobrevivir en lugares de verdadera necesidad material. Por eso debemos y queremos ser generosos en esta Jornada. La clave está en ese “ardor” de los orígenes, pues con él “lo demás se dará por añadidura” (cf. Mt 6, 33). Es el ardor que brota del Corazón de Cristo, “la Palabra -como reza el lema de este DOMUND 2009-, luz para los pueblos”, fuente inagotable de vida, y vida en plenitud. Como pastor de esta Iglesia no puedo dejar pasar esta Jornada sin dar gracias a Dios por los misioneros de la archidiócesis de Madrid, por el don de sus vidas y por los frutos de su trabajo apostólico. Los tengo bien presentes, sobre todo en esta ocasión, con el afecto y la plegaria. Y a todos os invito a ofrecerles también conmigo vuestro cariño y vuestras oraciones.”

El Cardenal Sistach a sus fieles: “Anunciar la Palabra de Dios por todas partes”

OMPRESS-BARCELONA (14-10-09) Con esta frase, el Cardenal Arzobispo de Barcelona, Mons. Lluís Martínez Sistach, se dirige a los fieles de la Archidiócesis de Barcelona animándolos a participar activamente en la misión  y concretamente en esta jornada del Día Mundial de la Misiones. La Iglesia siempre ha de ser misionera, porque existe para evangelizar. Ésta es su razón de ser. Hoy esta tarea esencial de la Iglesia es muy necesaria y urgente. Juan Pablo II lo afirmaba hace unos años en una encíclica sobre las misiones, al hacer esta observación: “Tres cuartas partes de la humanidad -formada en su mayoría por jóvenes- no conocen a Jesucristo ni su programa de vida y de salvación para el hombre”. El número de los que todavía no conocen a Jesucristo ni forman parte de su Iglesia aumenta constantemente, porque también la humanidad va aumentando numéricamente. Así pues, es muy evidente la urgencia de la misión. La evangelización se ha de realizar por todas partes. Sin embargo, hoy, con motivo del Domund, la Jornada Mundial para las Misiones nos hace pensar más en concreto en el anuncio de Jesucristo en los países a los que son enviados los misioneros. La universalidad de la salvación no significa que sea confiada tan sólo a los que, de forma más explícita, creen en Cristo y han entrado en la iglesia. Si se destina a  todos, la salvación ha de estar de verdad a disposición de todos. El Concilio Vaticano II afirma que “Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. Por eso hemos de creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma que tan sólo Dios conoce, se asocien al misterio pascual”. Hemos de recordar aquellas palabras de san Pablo que hacen referencia directa a la misión y a los misioneros: “¿Cómo podrán invocar a Dios sin conocerlo? ¿Y cómo podrán creer en Él sin que les haya sido anunciado?”. Los misioneros son necesarios, y es una vocación que requiere mucha generosidad y confianza en Dios. Hoy la Iglesia continúa enviando misioneros y misioneras para que anuncien bien explícitamente a Jesucristo, Dios y hombre, muerto y resucitado, salvador de todos, hombres y mujeres. El lema del Domund de este año es éste: “La Palabra de Dios, luz para los pueblos”. La Palabra de Dios es un bien para todos los hombres que la Iglesia no ha de conservar sólo para sí misma, sino que ha de compartir con alegría y generosidad con todos los pueblos y culturas, para que también ellos puedan hallar en Misiones, la verdad y la vida. El reciente Sínodo episcopal sobre la Palabra de Dios “reafirma la urgencia de la misión ad gentes también en nuestro tiempo”. Se trata de un anuncio de la Palabra de Dios que ha de ser explícito, hecho no sólo dentro de nuestras iglesias, sino por todas partes, y ha de ir acompañado por el testimonio coherente de vida, la cual hace evidente su contenido y lo refuerza. Participar en la misión de la Iglesia es un deber de todos los cristianos. Pero es el hecho de contemplar a Jesucristo, el primero y más gran mensajero, lo que nos transforma en misioneros en casa o en el mundo entero. Nos hace tomar conciencia de la voluntad de Jesús de dar la vida eterna, tal como recuerda el apóstol Pablo: “Dios quiso que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. El Papa afirma que “la misión es un problema de fe, es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros”. Esta pasión por Jesucristo suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera que no podrá ser delegada a unos pocos especialistas, sino que acabará implicando la responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios, ya que quien ha encontrado de verdad a Cristo no puede quedárselo para sí mismo: ha de anunciarlo.

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