La malaria, lo que el ojo desnudo ignora de Tambacounda

A simple vista, la región senegalesa de Tambacounda es sólo una infinita extensión de tierra roja, salpicada de núcleos de cabañas de adobe sin luz ni agua, carros tirados por mulas y bebés sujetos a la espalda de sus madres con telas de vivos colores. Sin embargo, por encima de su pobreza y aislamiento, lo que el ojo desnudo no ve es su mayor enemigo público: la malaria. Con una extensión similar a la de Aragón (49.000 kilómetros cuadrados)-, en Tambacounda la malaria causó el 46 por ciento de las muertes registradas en 2008, la mayoría menores de cinco años. En todo Senegal, este porcentaje desciende hasta el 34,8 por ciento. En África mata cada año a un millón de seres humanos. Tambacounda, la región más extensa del país y limítrofe con Mauritania, Mali, Gambia y Guinea Conakry, posee una tasa de médicos de uno por cada 24.000 habitantes (la OMS recomienda uno por cada 10.000); el 86 por ciento de las mujeres es pobreza atenaza y la pobreza atenaza al 76 por ciento de sus 629.000 habitantes.

Tasa de natalidad récord

Las familias de este lugar tienen una de las tasas de natalidad más altas del mundo, mínimo cinco niños, pero no son raras las que tienen hasta doce o quince, afirma la enfermera Therese Cecile Faye a la prensa española, desplazada allí para conocer la labor de las ONGs Intrahealth y Medicines for Malaria Venture, apoyadas por Pfizer. Faye, que trabaja en Tambacounda desde hace siete años, tiene a su cargo 54 pueblos con 23.661 habitantes; ella es la única asistencia sanitaria directa de la que disponen estas personas. La enfermera visita una vez al mes las “cabañas de salud” (health huts) que han levantado los propios aldeanos y que cuentan con una rudimentaria cama, un par de banquetas, un libro de registro, una balanza para pesar a los bebés, un botiquín y medicinas básicas como paracetamol, sales de rehidratación, vitamina A y antibióticos. Si se complica la afección, el paciente va a un centro de salud situado en la capital de la región (health post), pero el trayecto es largo pues en la mayoría de las ocasiones se carece de un vehículo y, cuando llueve, los caminos resultan impracticables. Según la matrona, Ouleymata Hdao, una hermosa chica de 23 años que ha recibido una formación básica para atender a las embarazadas del pueblo de Kalburame, cuando las parturientas tienen problemas no les queda más remedio que emprender un camino de dos horas y media en un carro tirado por mulas. Las embarazadas, a las que Pfizer ofrece un tratamiento preventivo intermitente durante la gestación, son las únicas a las que el Gobierno de Senegal proporciona gratis los fármacos contra la malaria, aunque al resto de la población se les distribuye a un precio muy bajo (menos de un dólar). Un problema adicional es que los medicamentos contra la malaria repartidos por el problema adicionalllegan a veces caducados o no aparecen en su destino.

Los cambios comienzan a percibirse

Pese a todo, dice la enfermera Therese Cecile, en los últimos años se han registrado cambios positivos, sobre todo porque la población -integrada por las etnias peuhls, mandingues, sarakholes, bomboras y wolfs-, están cada vez más informados de los síntomas de la malaria y acuden en busca de ayuda. Así lo corrobora el médico Adrien Sonko, de Intrahealth, ya que -dice- por primera vez el número de casos de infecciones de malaria ha descendido durante el primer semestre de 2009 y también está bajando la mortandad infantil por esta causa. La malaria la transmite la hembra del mosquito anofeles, que adquiere el parásito, del género plasmodium, a través de la sangre de otra persona enferma a la que ha picado. El parásito ataca primero al hígado y poco a poco destruye los glóbulos rojos, provocando anemia y favoreciendo la producción de toxinas que hacen al enfermo padecer fiebres altas. El proyecto de esta organización no gubernamental estadounidense en Tambacounda está apoyado por la farmacéutica Pfizer, que proporciona equipamientos, fármacos y formación de personal. Este año, Intrahealth ha contado con la ayuda de Isabelle Bertrand, una de la veintena de profesionales anuales que la multinacional libera entre tres y seis meses para que transmitan sus conocimientos a las poblaciones más necesitadas y aisladas del mundo.

La batalla farmeceútica

Pfizer destina quince millones de dólares para luchar contra la malaria en países africanos a través de la Clinton Global Initiative. Desde la II Guerra Mundial, el arsenal terapéutico desplegado para liquidar el mosquito anofeles ha crecido casi al mismo ritmo que la resistencia del mismo a los nuevos fármacos. La esperanza se centra en la vacuna que diseña Pedro Alonso, cuyo lanzamiento se prevé para 2011 ó 2012, pero hasta ese momento los laboratorios se afanan por diseñar tratamientos más eficaces. Actualmente, Pfizer se encuentra en la última fase de desarrollo (III) de una terapia combinada de dihydro artemisina y piperaquina (Eurartesim). Además, desde tiempo atrás tiene en marcha un tratamiento de prevención intermitente para mujeres embarazadas en África subsahariana. En declaraciones a la prensa española, el vicepresidente de Desarrollo de la farmacéutica, Pol Vandenbroucke, descarta un impacto económico negativo si la vacuna de Alonso tiene éxito y sea innnecesario seguir produciendo medicamentos contra la malaria. “Ojalá, sería una buena noticia”, añade el belga, que confía en que el nuevo producto que Pfizer quiere sacar al mercado en 2011 tenga un riesgo de resistencia menor que los actuales. En los últimos años el parásito ha desarrollado resistencias a los medicamentos tradicionales, por lo que hoy la mayoría de los países africanos usan la terapia recomendada por la OMS, denominada ACT (Asociación Terapéutica a base de Artemisinina), junto a otros compuestos. Otra ventaja, recalca Vandenbroucke, reside en que el futuro tratamiento reducirá el número de pastillas para el paciente, con lo que se evita el actual problema de “adherencia” (cuando el enfermo no acaba su tratamiento y echa a perder la eficacia). Lo importante es seguir dearrollando “continuamente” nuevos medicamentos para las mismas enfermedades, añade el vicepresidente. Todos los fármacos que produce Pfizer en Dakar, en una planta de que ocupa 8.727 metros cuadrados, son vendidas al sector privado (farmacias) y al sector público, en este último caso a un dólar el tratamiento completo de tres dosis Según el director de la planta, Cheikh Ba, la importancia de la fábrica, centrada en la producción de antipalúdicos, no es económica (36 millones de dólares anuales de beneficios) sino su presencia cualitativa para mejorar la salud de la población.

Acerca de immigratoamico

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