El mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2011 se centrará en la libertad religiosa como camino para la paz

«Libertad religiosa, vía para la paz». Es el tema elegido por Benedicto XVI para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz del 2011 y que se ha hecho público hoy. En la presentación se recuerda que la jornada – que se celebra desde 1968 el primer día de cada año – pondrá por tanto el acento sobre el tema de la libertad religiosa. Ello, mientras en el mundo se registran diversas formas de limitación o de negación de la libertad religiosa, de discriminación y marginación basadas en la religión, llevadas hasta la persecución y la violencia en contra de las minorías religiosas.
La libertad religiosa, estando arraigada en la misma dignidad humana, y orientada a la búsqueda de la «verdad inmutable», se presenta como la «libertad de las libertades». La libertad religiosa, por tanto, es auténticamente tal cuando es coherente con la búsqueda de la verdad y con la verdad del ser humano. Este enfoque nos ofrece un criterio fundamental para el discernimiento del fenómeno religioso y de sus manifestaciones. Así como excluir la «religiosidad» del fundamentalismo, de la manipulación y de la instrumentalización de la verdad y de la verdad del ser humano.
Así que todo lo que se opone a la dignidad del ser humano se opone a la búsqueda de la verdad y no puede ser considerado como libertad religiosa. Esta visión profunda de la libertad religiosa amplía los horizontes de «humanidad» y de «libertad» del hombre y le consiente establecer una relación consigo mismo, con sus semejantes y con el mundo. La libertad religiosa es en este sentido una libertad para la dignidad y para la vida del ser humano. Como han enseñado los Padres del Concilio Vaticano II, en la Declaración sobre la Dignidad Humana: «Dios hace partícipe al hombre de ésta su ley, de manera que el hombre, por suave disposición de la divina Providencia, puede conocer más y más la verdad inmutable. Por lo tanto, cada cual tiene la obligación y por consiguiente también el derecho de buscar la verdad en materia religiosa» (Declaración Dignitatis Humanae, 3). Es ésta una vocación que debe por tanto ser reconocida como derecho fundamental del ser humano, presupuesto para el desarrollo humano integral (Caritas in veritate, 29) y condición indispensable para la realización del bien común y la afirmación de la paz en el mundo. Como afirmó Benedicto XVI ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: «los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensión de ciudadano y la de creyente» (Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, 18 abril 2008). En la presentación del tema elegido por Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2011, se hace hincapié en que representa la realización de un « camino de la paz » en el cual el Santo Padre ha tomado la humanidad de la mano, conduciéndola paso a paso hacia una reflexión cada vez más profunda. Desde 2006 hasta hoy los temas han sido: la verdad (« En la verdad, la paz », 2006), la dignidad de la persona humana ( « La persona humana, corazón de la paz », 2007), la unidad de la familia humana (« Familia humana, comunidad de paz », 2008), el combate contra la pobreza (« Combatir la pobreza, construir la paz », 2009) y finalmente la custodia de la creación («Si quieres promover la paz, protege la creación », 2010). Un recorrido que hunde sus raíces en la vocación a la verdad del ser humano (capax Dei), y que teniendo como estrella polar la dignidad humana, alcanza la libertad de buscar la verdad misma. Actualmente son muchas las áreas del mundo en las que persisten formas de limitación a la libertad religiosa, ya sea donde las comunidades de creyentes son una minoría, como donde las comunidades de creyentes no son una minoría y sufren también formas más sofisticadas de discriminación y marginación, en el plano cultural y de la participación en la vida pública civil y política. « Es inconcebible por tanto – reiteró Benedicto XVI ante la ONU – que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos – su fe – para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Los derechos asociados con la religión necesitan protección sobre todo si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva» (Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, cit.) También se recuerda que el ser humano no puede ser fragmentado, dividido por aquello que cree, porque aquello en lo que cree tiene un impacto sobre su vida y sobre su persona. «El rechazo a reconocer la contribución a la sociedad que está enraizada en la dimensión religiosa y en la búsqueda del Absoluto – expresión por su propia naturaleza de la comunión entre personas – privilegiaría efectivamente un planteamiento individualista y fragmentaría la unidad de la persona » (Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, cit.). Por ello: « Libertad religiosa, vía para la paz».

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